domingo, 31 de octubre de 2021

Desaparecido

A mi parecer, sin ninguna duda, lo peor de la lucha contra la dictadura militar (que inició en 1972), fueron los desaparecidos.

Porque el “desaparecido” es una persona, como tal, tiene padres, tíos, tías, abuelas, abuelos, hermanos, hermanas, amigos, amigas, conocidos, conocidas,  profesoras, profesores, compañeros y compañeras de estudio, de trabajo, de deportes; vecinos: es un ser humano, simple y sencillamente, ES UN SER HUMANO.

Y cuando ese ser humano es “desaparecido”, quienes le quieren, incluso quienes solo lo conocen, lo extrañan. 

Aceptamos la vida y muchas veces la muerte… al llegar, poco a poco aceptamos la realidad y esa aceptación inicia, cuando dejamos el cuerpo sembrado en la tierra, luego de habernos despedido por una noche completa (velorio le llamamos). Eso es lo normal, es la costumbre, es la cultura, es lo que hacemos.

Ver el cuerpo inerte, con el dolor que conlleva, da consuelo. Ese consuelo se le niega a la familia del desaparecido.

Ahora, desaparecer a otro ser humano exige poder. Los inhumanos que desparecían seres humanos, durante la dictadura, eran poderosos (quizás todavía lo sean) eran el producto de años de construcción de una estructura sin conciencia, asesina, con abundantes recursos, impunidad total, poder por sobre toda autoridad, incluso conocimientos científicos para torturar, porque sí, dolorosamente, los desparecidos, previamente eran torturados con métodos hitlerianos, heredados de la dictadura argentina, aprendidos entre otros lugares, en la Escuela de Las Américas.

Nosotros, mi generación, al menos tuvimos cantos de consuelo como "Compañero" (Banda Tepehuani) y en otras dictaduras también surgieron cantos que les recordaban y al final, nos quedó el mural en el Parque Cuscatlán para llegar y dejarles una flor.

Uno de los logros de los acuerdos de paz, fue asegurar (hasta donde fue posible) los controles para evitar que estas estructuras asesinas resurgieran. Por eso se creo una Policía Nacional Civil con una ley de creación que condenaba previamente esos actos (Art. 13 numeral 4 Ley Orgánica de la Policía Nacional Civil), porque la experiencia había mostrado que esos criminales se habían disfrazado de policías nacionales, guardias nacionales, policías de hacienda y hasta alguna sección de policía de Aduanas había servido de cuartel para esos criminales.

Y todos, los que supimos del dolor de los desaparecidos, de sus familiares, de sus amigos, de sus conocidos, respiramos aliviados. Juramos que ese dolor no sería conocido por nuestros hijos, nuestros nietos, nuestros descendientes…

Otra vez, como muchas otras, nos equivocamos, el dolor ha vuelto. 

Hoy, como antes, imaginamos y vemos los ojos con llanto de las madres preguntando porqué sus hijos, madres que a pesar del tiempo todavía sueñan con abrazar de nuevo a sus hijos... 

Yo expreso desde esta esquina, mi solidaridad con ellas.

Los que sean responsables de estos crímenes de lesa humanidad, tienen un gran poder, no hay que dudarlo, dominan terreno, locaciones (en donde torturan, asesinan e incluso entierran a esos SERES HUMANOS); sin duda ese poder se ha construido a lo largo de muchos años, no surge de la nada, ha habido protección, colaboración, impunidad antes y hoy... De lo contrario ya habrían desaparecido.

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