viernes, 1 de julio de 2022

Hoy hace 50 años, se desató la tragedia


Hace 50 años, el coronel Arturo Armando Molina Barraza, asumía la presidencia de la República.

En las elecciones presidenciales de 1972, a pesar de que existió fraude, el Partido de Conciliación Nacional (PCN) del Coronel Molina no logra la mayoría absoluta que demanda la Constitución (de 1962) y obliga al cumplimiento del artículo 47 de tal Constitución, "Corresponde a la Asamblea Legislativa:"... "5. Elegir por votación nominal y pública al Presidente y al Vicepresidente de la República, cuando ningún ciudadano haya obtenido mayoría absoluta de votos de conformidad con el escrutinio practicado, elección que deberá practicar entre los dos ciudadanos que para cada uno de esos cargos hayan obtenido mayor número de sufragios".

Con una dictadura militar ya montada, la mayoría de diputados en la Asamblea Legislativa era mayoritariamente del PCN, por tanto la elección es la lógica: el coronel Molina en contra del candidato más votado, el ingeniero José Napoleón Duarte.

El PCN, se enfrentaba a la Unión Nacional Opositora (UNO), una alianza de partidos de centro izquierda que incluía al Partido Demócrata Cristiano (PDC), el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR - socialdemócrata) y la Unión Democrática Nacionalista (UDN - comunista). 

El gobierno del presidente saliente, General Fidel Sánchez Hernández, desaprovechó el apoyo prácticamente unitario que recibió en julio de 1969, motivado por la guerra contra Honduras. En julio de 1969, hasta el Partido Comunista de El Salvador (en la clandestinidad) apoyó, mediante un comunicado firmado por su Comité Central, al gobierno en la batalla contra Honduras.

El presidente tiró a la basura la imagen que logró ganar de "héroe" al derrotar a Honduras y de "estratega supremo" al plantear y desarrollar la guerra como se hizo. Esto, si bien era parte de la propaganda oficial, era creído, divulgado y apoyado por una buena cantidad de salvadoreños.

De agosto de 1979 al primer trimestre de1972, el gobierno, con el presidente al frente, había desperdiciado su capital político-social, acumulado gracias al esfuerzo de los soldados que pelearon las batallas en Honduras (y muchos murieron), de los salvadoreños que pagaron en piel propia el destierro de sus propiedades en Honduras y, de los demócratas que pensaban que la promesa de apertura y respeto a la democracia en El Salvador, luego de finalizada la guerra, serían cumplidos.

Hoy hace 50 años, gracias a la incapacidad de un presidente, su gabinete, sus diputados y, su partido político, que desperdiciaron un enorme capital político y social, se empezó a escribir de prisa la tragedia que viviríamos los salvadoreños en las décadas posteriores.