domingo, 6 de julio de 2008

A la gente maravillosa que conoci luego de 1980

Ya antes he aclarado que no me considero, ni me consideré nunca un comunista, algunas razones están aquí, en este post anterior, y un amigo al que conozco de muchos años, luego de la militancia, me hizo consultas y consideró equivocadamente que cuando ingresé a la empresa en la que estuve por 14 años aun militaba en alguna organización clandestina y no fue así.

Yo me retiré de toda actividad política abierta o clandestina en 1980, porque luego del 15 de octubre de 1979, me convencí que la cosa ya no caminaría para ningún lado, yo estaba convencido de que el cambio militar, si se daba, tendría que ser una acción insurreccional (a lo Nicaragua), pero no concebía una guerra prolongada.

Había estudiado que estos eventos se dan un día determinado en el que confluyen variables diversas y pienso que durante 1978 y 1979 esas variables se habían presentado pero la desunión y la competenci entre las organizaciones políticas y militares no permitió que se aprovecharan. La última prueba de ello fueron los intentos del ERP el 16 y 17 de octubre en Mejicanos y San Marcos que fracasaron (la gente no se unió, no respondió y se mantuvo en sus casas).

Previo a eso me incomodó tremendamente el sectarismo y desunión entre las diferentes organizaciones, en algún momento incluso tuve problemas porque mantenía pláticas (que eran conocidas por la dirección local) con otras organizaciones buscando acciones conjuntas (dentro la universidad por ejemplo). No comprendía si el objetivo era el mismo, incluso con las diferencias metodológicas o de concepción, no se pudiera hacer una alianza a lo Unión Nacional Opositora, entre las organizaciones clandestinas.

Existía en esa época un deseo de protagonismo tremendo. Había una, a mi parecer tonta, competencia por demostrar quien iba a ser la cabeza de la insurrección y por tanto del pròximo "gobierno de liberaciòn" y eso a mi me hastió.

Aumentó mi decepción, el hecho de que mis amigos, mis más cercanos amigos, ya no estaban o habían muerto o se habían escapado al exterior y con excepción del Gordo Chicho que seguía activo en Santa Ana y el Chele Oswald que saliò a estudiar fuera (aparentemente ingenieria), todos se habían retirado o habían muerto. Y muchos de los que tenìa ahora, eran (especialmente algunos de direcciòn) "cómodos".

En esas condiciones aproveché el cierre de la Universidad de El Salvador, ya que sabía que quien era responsable en esos días del área en la que estaba, no se preocuparía por averiguar que pasaba con algún militante, ya que pensaba mucho en su seguridad (al punto de mejor no participar en actividades de cierto riesgo) por lo que como lo imaginé, nadie preguntó por mí y asumieron que estaba desaparecido, me fui a Santa Ana, me escondí (de los que me conocían) y empecé desesperadamente a buscar un trabajo,porque hasta este día, nunca he recibido dinero de partido político alguno (abierto o clandestino) y aun en mis épocas de mayor "acabazón" me mantuve caminando por San Salvador porque no tenía ni para el bus, pero jamás acepté la ayuda "para cobertura" que se me ofreció y que fue "aprovechada" por algunos muchos.

Como sea, cuando la desesperación me había llegado y me preparaba para escaparme a Méxito, llegó (Dios existe, ya lo he dicho muchas veces) un telegrama para que me presentara el lunes a una entrevista de trabajo, le dije a mi madre que iría el lunes y, en mi interior, decidí que dependiendo del resultado iría a la casa del Choco para decirle a la familia de él que iba a utilizar su oferta de irme a vivir de posada con el Choco (a México) en tanto me instalaba, pero mire nomas que ese mismo lunes me dijeron que el día siguiente empezaba a trabajar en un horario de 1 p.m. hasta término (ero era 11, 12 de la noche o bien 1 de la mañana) eso me permitía llegar al pupilaje que había contatado (a unas cuadras del trabajo en el centro de San Salvador) y con esa paja dormía toda la mañana, aunque en realidad me despertaba, me bañaba, me vestía y me quedaba encerrado tirado en la cama (y como toda la mara trabajaba en el día prácticamnte pasaba solo) y cuando ya eran las 12 del mediodía almorzaba y a trabajar, eso me dio la cobertura perfecta, porque no andaba en la calle y era normal (porque tenía que "descansar porque trabaja toda la noche").

Con el tiempo el miedo fue siendo superado, empecé a salir y entonces iba al cine, o cualquier otra diversión que fuera en lugares cerrados.

Años después encontré al responsable del área en la que estaba y el miedo volvió, iba caminando con mi hermano (que vivía en otro pupilaje, alejadísimo del que yo alquilaba), puse al día a mi hermano, le indiqué que si no me veía que le dijera a la familia que no me buscaran y que estaba bien (los dos sabìamos que no sería así) y lo despedí en una esquina, seguí caminando cuando me cayó el prójimo y empezamos a platicar, esa plática me hizo volver a la vida normal: en primer lugar me enteré que no me consideraban traidor, que confiaban en mi al punto que incluso querían que volviera pero entonces yo argumenté razones familiares, de trabajo y hasta de salud para justificar que no podia volver. Y hasta allí llegué.

Pero para 1981, cuando ingresé a esa empresa en la que aprendí tanto y conocí gente fabulosa (maravillosa como diría Perales) yo estaba libre de toda actividad polìtica.

2 comentarios:

Carlos Trio dijo...

Siempre me parece muy interesante leer anécdotas de las personas que vivieron de los años más duros de nuestra historia. Se le agradece escribirlas don tocayo.

Saludos

Carlos Alberto Minero Mendoza dijo...

Gracias Carlos y Bienvenido