¿Sabes flaco?, tu pedido es un poco complicado, quizás realmente imposible, porque por diferentes razones, tu y yo quisimos tanto a don Ramón que nos hace falta de diferentes formas.
Y no es que haya sido más amigo de uno o de otro, los dos sabemos que no fue así, es que lo fue de diferentes formas, en diferentes momentos y en los últimos días vos estuviste mucho más cerca de él, la confianza entre los dos aumentó enormemente. Yo entiendo, que pensás que con descubrir tu corazón y decirme “¡Puta cabrón escribí sobre eso!” es así de fácil…
Es imposible que yo pueda plasmar la nostalgia que sientes ante la ausencia del amigo, del compañero, del confidente. Hay cosas más fáciles de decir, de escribir, como por ejemplo tratar de explicar cosas menos complicadas como el presupuesto público o cuestiones de ese tipo frío y calculado, pero mi hermano, hablar sobre el sentimiento de ausencia que tenés ante la partida definitiva de don Ramón, es imposible.
Vos sabes que si yo pudiera lo haría, pero no puedo escribir sobre lo que tu corazón siente ante la ausencia del Gran Jefe Ramón Arqueros, por eso mejor te dejo a Alberto Cortez, creo que él lo expresa mejor que nadie…
domingo, 21 de agosto de 2011
miércoles, 3 de agosto de 2011
"Crimen de Estado" El libro de Lafitte Fernández
...las dudas que me surgen luego de leerlo

Gracias a Mauricio M., he leído "Crimen de Estado El Caso PARLACEN" escrito por el periodista Lafitte Fernández, en él, presenta documentos de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) que demuestran que en Guatemala, al momento del asesinato de los diputados salvadoreños del PARLACEN y su motorista, existía una organización paralela a los aparatos de seguridad del Estado que se dedicaban a "cazar" (literalmente) a delincuentes y los asesinaban, igual hacían "negocios" ilegales de todo tipo y calibre y contaban, lógicamente, con el apoyo de las altas autoridades, del ministerio de Gobernación unidad a la que está adscrita la Policía Nacional de Guatemala.
Colocando de lado los datos presentados en el libro. Me surgen dudas y comentarios, a partir de la lectura del mismo:
Primera: En el "Anexo I - Zacarías nos juntó de nuevo – Entrevista con Rodrigo Avila" (Página 206), el periodista inicia recordando una entrevista que tuvo, en el año 1995, con el entonces Director de la Policía Nacional Civil: "Pasaban las 10 de la noche y la impresora del periódico estaba detenida, temporalmente. Convocamos a Ávila, como jefe policial, para informarle que, en la edición que estaba a punto de imprimirse, acusaríamos a un grupo de policías de la delegación de Panchimalco, … que había asesinado a patadas y a golpes, a un joven estudiante de medicina" (todas las negritas en este post son nuestras).
Narra el periodista que tenían todos los detalles del caso, que habían realizado una investigación exhaustiva, incluso contratando especialistas en diferentes áreas para determinar cómo había ocurrido el crimen e identificar a los culpables. Y sigue: "A Ávila le explicamos los resultados de la investigación. Nosotros no teníamos duda de la participación de los policías en ese crimen…" de aquí mi duda: ¿Por qué un periódico que se precia de ser independiente y defensor de la libertad de expresión, detiene sus rotativas, convoca al director de la institución involucrada (a través de los policías) en el crimen de un salvadoreño y le informa que van a publicar una investigación que ha demostrado de manera científica que los criminales están dentro de la institución? Algo raro existe en esto.
Segunda: El impacto que tienen los medios de comunicación, el uso que de los mismos hacen los poderes existentes en un país.
El periodista describe en el "Capítulo 8: Siete muertes con un acervo de rencor", el ingreso de las fuerzas de seguridad al Penal de Pavón, mencionando que el periódico "Prensa Libre" publica días previos, a ese ingreso un artículo que describe como las mafias controlan Pavón.
Reviso la web y no puedo evitar comparar la información que brinda "Prensa Libre" sobre esta toma y la que hace "El Periódico" en sus ediciones del 26 de septiembre. El primero repite el discurso oficial sin contrastarlo, sin siquiera advertir a sus lectores que no se pudo confirmar de manera independiente lo escrito.
El Periódico informa: "La idea era tomar a los reos por sorpresa, pero según la versión oficial, los agentes fueron recibidos a balazos y con bombas molotov. La balacera duró al menos 45 minutos y dejó como resultado, de acuerdo con las autoridades y sin que sea posible confirmarlo con fuentes independientes, la muerte de Batres y Zepeda, así como de Omar Alvarado, Estuardo Mayorga Guerra y José Abraham Tinihuar, y dos personas no identificadas".
Y aquí me surge otra pregunta: ¿Qué medios de comunicación solemos leer, escuchar o ver? ¿Somos capaces de identificar que lo que nos transmiten es un verdadero trabajo periodístico o más bien el interés de un sector público o privado para "educarnos" y hacer que apoyemos sus intenciones, sus objetivos?
Finalmente me llama la atención la descripción que hace en la página 37 del Jefe de la Policía de Guatemala en esa fecha, Erwin Sperisen: "un cristiano de origen suizo con cara de irlandés…" y es justamente en Suiza donde se encuentra actualmente Sperisen. Y esto genera otra interrogante ¿Cuántas personajes, políticos o funcionarios, que tienen doble nacionalidad están tomando decisiones en El Salvador, con la seguridad y total confianza de que si algo sale mal, sacarán el pasaporte guardado por tanto tiempo, mientras parecían salvadoreños, y saldrán corriendo a refugiarse a su "patria", importándoles poco lo que le ocurre a El Salvador y su gente?
martes, 2 de agosto de 2011
Porque me fui a la guerra
y me regresé antes de que empezara
(Parte VI)
El martes 22 de enero de 1980, se dio la manifestación de la unidad, la marcha más grande jamás vista en El Salvador, ese día salió al aire Radio Venceremos, y yo decidí no asistir, me quedé encerrado sintonizando venceremos, lo hice a propósito, esperaba una regañada un llamado de atención o algo similar y a lo mejor era oportunidad de presentar mi renuncia. El 23 me fui a la universidad y estaba cercada, dentro estaban varios compañeros de diferentes organizaciones y afuera el ejército, me quedé en medio de un grupo de estudiantes y militantes de otras organizaciones, entre el Hospital Bloom y la embajada americana sobre la 25, nos quedamos agitando hasta que dispararon y entonces nos movimos, evitando pasar frente a la embajada y allí se me “encendió el foco”.
Quien era responsable del organismo del que formaba parte había demostrado ser “bien práctico”, nunca haría cualquier cosa que pusiera en riesgo su seguridad.
Pensé entonces que nadie me buscaría, porque sólo él conocía mi residencia, pero él no llegaría porque pensaría que me habían capturado. El cabo suelto entonces era ¿por qué no asistí a la marcha?, sobre todo por los resultados que había tenido esa manifestación, una matanza de gran nivel.
De cualquier forma en tanto le daba forma a la idea, agarré mi ropa y me fui para Santa Ana.
Permanecí prácticamente escondido en la casa de mis padres por varios días, y empecé a buscar trabajo, seis meses rebuscándome y no salía nada. Cuando la desesperación me había llegado y me preparaba para escaparme a México, llegó (Dios existe, ya lo he dicho muchas veces) un telegrama para que me presentara el lunes a una entrevista de trabajo, el mismo día me dijeron que iniciaba el siguiente día en un horario de 1 p.m. hasta término (ero era 11, 12 de la noche o bien 1 de la mañana) eso me permitía llegar al pupilaje que había contratado (a unas cuadras del trabajo en el centro de San Salvador) y con esa paja dormía toda la mañana, aunque en realidad me despertaba, me bañaba, me vestía y me quedaba encerrado tirado en la cama (y como toda la mara trabajaba en el día prácticamente pasaba solo) y cuando ya eran las 12 del mediodía almorzaba y a trabajar, eso me dio la cobertura perfecta, porque no andaba en la calle y era normal (porque tenía que "descansar porque trabaja toda la noche").
Con el tiempo el miedo fue siendo superado, empecé a salir y entonces iba al cine, o cualquier otra diversión que fuera en lugares cerrados.
Años después encontré al responsable del área en la que estaba y el miedo volvió, iba caminando con mi hermano, con prisa, lo despedí en una esquina, seguí caminando cuando me cayó el prójimo y empezamos a platicar, esa plática me hizo volver a la vida normal: en primer lugar me enteré que no me consideraban traidor, que confiaban en mi al punto que incluso querían que volviera pero entonces yo argumenté razones familiares, de trabajo y hasta de salud para justificar que no podía volver.
Quien era responsable del organismo del que formaba parte había demostrado ser “bien práctico”, nunca haría cualquier cosa que pusiera en riesgo su seguridad.
Pensé entonces que nadie me buscaría, porque sólo él conocía mi residencia, pero él no llegaría porque pensaría que me habían capturado. El cabo suelto entonces era ¿por qué no asistí a la marcha?, sobre todo por los resultados que había tenido esa manifestación, una matanza de gran nivel.
De cualquier forma en tanto le daba forma a la idea, agarré mi ropa y me fui para Santa Ana.
Permanecí prácticamente escondido en la casa de mis padres por varios días, y empecé a buscar trabajo, seis meses rebuscándome y no salía nada. Cuando la desesperación me había llegado y me preparaba para escaparme a México, llegó (Dios existe, ya lo he dicho muchas veces) un telegrama para que me presentara el lunes a una entrevista de trabajo, el mismo día me dijeron que iniciaba el siguiente día en un horario de 1 p.m. hasta término (ero era 11, 12 de la noche o bien 1 de la mañana) eso me permitía llegar al pupilaje que había contratado (a unas cuadras del trabajo en el centro de San Salvador) y con esa paja dormía toda la mañana, aunque en realidad me despertaba, me bañaba, me vestía y me quedaba encerrado tirado en la cama (y como toda la mara trabajaba en el día prácticamente pasaba solo) y cuando ya eran las 12 del mediodía almorzaba y a trabajar, eso me dio la cobertura perfecta, porque no andaba en la calle y era normal (porque tenía que "descansar porque trabaja toda la noche").
Con el tiempo el miedo fue siendo superado, empecé a salir y entonces iba al cine, o cualquier otra diversión que fuera en lugares cerrados.
Años después encontré al responsable del área en la que estaba y el miedo volvió, iba caminando con mi hermano, con prisa, lo despedí en una esquina, seguí caminando cuando me cayó el prójimo y empezamos a platicar, esa plática me hizo volver a la vida normal: en primer lugar me enteré que no me consideraban traidor, que confiaban en mi al punto que incluso querían que volviera pero entonces yo argumenté razones familiares, de trabajo y hasta de salud para justificar que no podía volver.
Porque me fui a la guerra
y me regresé antes de que empezara
(Parte V)
A mí me llegó información por medio de una compañera del tecnológico cuyo padre era miembro de la policía, me lo dijo para queme cuidara. Me extraño que no nos bajara información por el lado de la organización, tomé mis precauciones.
Para esos días mi ánimo andaba caído, por un lado sentía todo el cariño de la gente que nos apoyaba y confiaba en nosotros, por otro, las envidias y cosas inadecuadas dentro de la organización, incluso actos de cobardía de parte de algunos dirigentes universitarios. César, Alex, Oswaldo, el Choco Dany y yo nunca pensamos en ser cuadros de partido (de esos que el partido mantiene y les da empleo), para mí, era hacer la insurrección, tomar el poder, instaurar la democracia, y volver a la vida civil. A trabajar, a tener una familia y a disfrutar de la vida en paz.
Pero el 15 de octubre, me pareció que “nos comieron el mandado” lo capté en el ánimo de la gente con la que trabajaba, se me hizo más el 16 de octubre de 1979, el ERP lanza su ofensiva en Mejicanos y Cuscatancingo, con la esperanza de que la gente se levante en armas, pero la gente no lo hace, el 17 lo hace en San Marcos y no recuerdo que otro pueblo y la cosa sigue igual.
Me pareció que habíamos desperdiciamos muchos momentos previos (momentos revolucionarios como le llamaban los rusos). Equivocado o no, yo percibí que la gente se apagó, así de golpe, se apagó. Y es porque aun con todo, esa primera Junta Revolucionaria despertó esperanza y la gente ya no se desesperaba por tener un fierro en las manos. Aprendí algo: el grueso de la población lo que quería era democracia, no dictadura proletaria. Concluí esto por la cercanía que tenía con los grupos con los que trabajaba.
Me equivoqué en algo: pensé que la guerra, en caso se insistiera en ella, no iba a durar mucho.
Y el partido metió gente en la Junta y en las Alcaldías, pero en el fondo seguíamos empeñados en hacer la guerra, cuando, a mi parecer, las condiciones, ya no existían. En más de alguna ocasión pensé que lo que había pasado es que el tiempo que la dirección se había ocultado, se había clandestinizado, le había quitado la cercanía con la gente y se quedaba con los mensajes que les daban sus contactos, los que vivían con el dinero del partido.
El sentimiento de frustración se unió con el de soledad, ya todos mis amigos se habían ido, el Chino se escapó, antes que lo mataran porque pidió la baja y se la negaron. El choco Dany lo habían sacado a México para que estudiara lejos de todos estos rollos, El gordo seguía vivo y activo pero en Santa Ana y nos veíamos muy raras veces, total que el ánimo se fue al suelo y tuve que tomar una decisión.
Decidí retirarme, la gran pregunta era ¿Cómo? Podría ser acusado de traidor y a estas alturas ya había armas y militares (que son iguales que los militares de derecha, disparan y luego averiguan), Además si me iba, tenía que cuidarme de los cuerpos represivos que seguían actuando desde dentro y fuera de los cuarteles. No había dinero para salir del país (y tampoco existía el ánimo).
Por eso la respuesta al ¿Cómo? Era clave.
Para esos días mi ánimo andaba caído, por un lado sentía todo el cariño de la gente que nos apoyaba y confiaba en nosotros, por otro, las envidias y cosas inadecuadas dentro de la organización, incluso actos de cobardía de parte de algunos dirigentes universitarios. César, Alex, Oswaldo, el Choco Dany y yo nunca pensamos en ser cuadros de partido (de esos que el partido mantiene y les da empleo), para mí, era hacer la insurrección, tomar el poder, instaurar la democracia, y volver a la vida civil. A trabajar, a tener una familia y a disfrutar de la vida en paz.
Pero el 15 de octubre, me pareció que “nos comieron el mandado” lo capté en el ánimo de la gente con la que trabajaba, se me hizo más el 16 de octubre de 1979, el ERP lanza su ofensiva en Mejicanos y Cuscatancingo, con la esperanza de que la gente se levante en armas, pero la gente no lo hace, el 17 lo hace en San Marcos y no recuerdo que otro pueblo y la cosa sigue igual.
Me pareció que habíamos desperdiciamos muchos momentos previos (momentos revolucionarios como le llamaban los rusos). Equivocado o no, yo percibí que la gente se apagó, así de golpe, se apagó. Y es porque aun con todo, esa primera Junta Revolucionaria despertó esperanza y la gente ya no se desesperaba por tener un fierro en las manos. Aprendí algo: el grueso de la población lo que quería era democracia, no dictadura proletaria. Concluí esto por la cercanía que tenía con los grupos con los que trabajaba.
Me equivoqué en algo: pensé que la guerra, en caso se insistiera en ella, no iba a durar mucho.
Y el partido metió gente en la Junta y en las Alcaldías, pero en el fondo seguíamos empeñados en hacer la guerra, cuando, a mi parecer, las condiciones, ya no existían. En más de alguna ocasión pensé que lo que había pasado es que el tiempo que la dirección se había ocultado, se había clandestinizado, le había quitado la cercanía con la gente y se quedaba con los mensajes que les daban sus contactos, los que vivían con el dinero del partido.
El sentimiento de frustración se unió con el de soledad, ya todos mis amigos se habían ido, el Chino se escapó, antes que lo mataran porque pidió la baja y se la negaron. El choco Dany lo habían sacado a México para que estudiara lejos de todos estos rollos, El gordo seguía vivo y activo pero en Santa Ana y nos veíamos muy raras veces, total que el ánimo se fue al suelo y tuve que tomar una decisión.
Decidí retirarme, la gran pregunta era ¿Cómo? Podría ser acusado de traidor y a estas alturas ya había armas y militares (que son iguales que los militares de derecha, disparan y luego averiguan), Además si me iba, tenía que cuidarme de los cuerpos represivos que seguían actuando desde dentro y fuera de los cuarteles. No había dinero para salir del país (y tampoco existía el ánimo).
Por eso la respuesta al ¿Cómo? Era clave.
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