martes, 2 de agosto de 2011

Porque me fui a la guerra
y me regresé antes de que empezara
(Parte IV)

César me recibió con alegría, feliz de que volviera y de inmediato me recomendó con el “Chiqui” responsable de ingeniería del Frente de Acción Universitaria (FAU), frente abierto universitario del Partido. Para entonces el partido ya había construido la Fuerzas Armadas de Liberación (FAL).

Pues me presenté ante el “Chiqui” y me integró a un organismo de la J, del que ya ni me acuerdo quienes estaban, pero que luego se conformaría con el “Chiqui” como responsable, Guillermo, el Choco Dany y yo como miembros.

En estos días, la cosa ya estaba caliente, se empezaba a hablar de unidad, pero surgían problemas personales de lo más estúpido en zonas que ya se empezaban a construir retaguardia; en San Salvador, la presión de la gente se sentía, pedían armas y entrenamiento. Recuerdo de personas que pedían sus quince días de vacación para asistir a entrenamiento militar básico. Así estaba de caliente la cosa.

Hasta donde entiendo, el ala militar del partido empezó a recaudar fondos, de la manera usual: asaltos a grandes empresas, bancos, secuestros. Había dinero y aquí empezó a surgir lo que para mí y “mi moral revolucionaria” fue un choque, la envidia y la corrupción.

En esos días, la presión que mantenía era enorme, lo económico en casa de mis padres andaba mal, mis estudios en el tecnológica se estaban cayendo por la poca atención que prestaba y encima, para poder cubrirme mejor, inscribí un par de materias en la universidad, que iba pasando pero con notas que evidenciaban mi poca dedicación, el trabajo aumentó y tuve que hacer un gran esfuerzo por ordenarme, fue la época de la construcción de la Coordinadora Revolucionaria de Masas (CRM) unión de todos los frentes abiertos de las organizaciones político militares clandestinas.

Ocasionalmente la CRM preparaba o llamaba a paros que eran varios días en los que no circulaban buses, se reducía drásticamente el movimiento en las calles y generalmente iban acompañados de enfrentamientos armados, cortos pero en ocasiones intensos. El tener materias inscritas en la Universidad me servía como cobertura para argumentar que iba a casas de compañeros a hacer tareas y que nadie en dónde vivía sospechara.

Era agotador, pero por otro lado estimulante, fueron los días en que conocí la solidaridad a su máxima expresión era increíble, no importaba dónde estuvieras, siempre había comida, una fruta, un cariño intenso que te lo decían los ojos, los gestos, a mí me estimulaba y me llamaban a un mayor compromiso… entonces llegó el 15 de octubre de 1979.


Porque me fui a la guerra
y me regresé antes de que empezara
(Parte III)

Carlitos era un técnico electrónico y trabajaba en su propio taller, que era frecuentado por un montón de gente, desde policías que torturaban, hasta miembros del ERP, Por eso fue que un buen día se encontraron el Bitle con un Chele cuyo apodo he olvidado y empezó la conquista y Poco a poco el PRS-ERP se “jaló” al Bitle, quien por entonces, mantenía una vida bastante liberal (mujeres, mucha cafetería y bacile diario). El PRS-ERP lo “alineó”, se volvió ordenado, se acompañó, se volvió un hombre de hogar y respetuoso de todos y todas.

El “Bitle” caería el 10 de enero de 1981, cubriendo la retirada de su grupo, pudo irse y dejar a otros (él era el jefe), pero se quedó. Pedía agua, mientras se desangraba, llegó un soldado o guardia (ya no recuerdo) y lo asesinó. Carlitos lo lloró como un niño, era su hermano.

Yo tuve problemas en el partido porque mantenía la relación con mis amigos del ERP, y esto me llevó a un fuerte llamado de atención. Yo no lograba entender, si el objetivo era el mismo porqué no nos uníamos, aun con las diferencias, deberíamos tener objetivos comunes.

Por los problemas que tuve, la falta de seriedad del partido para enfrentar la lucha militar, y la necesidad que sentía de tener con qué defenderme en caso me quisieran capturar, decidí moverme para el PRS-ERP. Argumenté problemas personales para salirme, recuerdo bien al chino cuando me dijo, “Mirá si son problemas ideológicos los podemos discutir, pero si son personales es tu decisión”, insistí en lo personal y me dieron la baja.

Hable con Carlitos y le indiqué que me iba del partido que quería irme al ERP, él consideró que (siempre por bicho) no me iba a la clandestinidad, y pidió que me ubicaran en el frente abierto, me enviaron a las Ligas Populares de Secundaria 28 de Febrero (LPS-28) en San Salvador, yo estudiaba ya en el tecnológico.

La hermandad crecía, conocí gente muy sacrificada. Pero en una ocasión, con el Ministerio de Trabajo en manos de las Ligas, nos informaron que los escuadrones iban a sacar o atacar en esa noche y se montó una acción (que a la distancia realmente fue estúpida, pero típica en esos días).

La organización decidió cercar el cerco militar que cercaba a los compañeros en el ministerio, sin armas, cerca de la madrugada, la tensión era dura, en la oscuridad, logramos ver las sombras que nos tenían encañonados, decidí despedirme gritando y empezamos a tirarles un discurso a los policías y guardias que nos apuntaban.

Unos días después evaluamos la actividad, nos agarró una de las gemelas y en mi caso criticó mi actitud pequeño burguesa, la falta de disciplina, el evidente amotinamiento ante el compañero que iba responsable… Como decía “Aniceto”: uno de bicho es tonto respondí que si el compañero era responsable, que le inyectaran vitaminas para la próxima porque a la hora en que yo empecé a echarles el discurso, el compañero estaba sentadito en la cuneta con otra compañera platicando, lógico, eso fue también criticado.

Ese mediodía, mientras íbamos cabizbajos a hacer el esfuerzo de reunir algún dinero entre todos para comprar algunos platos de comida, me volvió el fantasma de que esos locos eran pro-chinos (a lo Pol Pot). A la distancia siento vergüenza al ver que fue exagerada esa reacción, pero en aquel momento la crítica fue tan fuerte, tan agresiva que hablé con César, que ya tenía algún rango dentro de la Juventud , le pedí regresar al partido.


Porque me fui a la guerra
y me regresé antes de que empezara
(Parte II)

Platiqué nuevamente con Carlitos y me respondió: “Ustedes están muy bichos, los voy a conectar con alguien que les pueden enseñar más sobre marxista y luego, cuando ustedes crean que ya están listos toman la decisión”, acepté de inmediato y le comuniqué que éramos tres los interesados.

Las posiciones ideológicas y metodológicas del PCS-JCS y del PRS-ERP eran totalmente distintas, los primeros insistían (luego de varios fraudes electorales desde 1972) que la toma del poder sería mediante las elecciones. El PRS-ERP proponía una insurrección, pero claro con armas, por eso es que mantenía vivo y activo el ejército. Me parecía más correcto el camino del ERP y me entusiasmaba la idea de ingresar, pero desde fuera los veía muy pro-chinos y eso me preocupaba. Acepté el compás de espera que nos sugirió Carlitos.

El alguien que nos educaría era Jorge “El Bitle” García tenía bastante experiencia en el campo sindical, pero había “reventado” con el Partido Comunista unos años antes, y en el momento en que lo conocimos como nuestro instructor, no era militante de organización alguna. Jorge era un estudioso del marxismo, de la historia patria y era un excelente teórico, nos reunimos, Paty, César, Jorge y yo y acordamos mantener esas citas semanalmente, en cada una se expondría un tema histórico o filosófico y nosotros teníamos libertad de preguntar, de cuestionar, de aprender.

Un buen día el “Bitle” nos dijo que Carlitos le había ordenado nos conectara con la Juventud Comunista, a mí me pareció extraño porque habíamos acordado que cada uno de nosotros tres decidiría si iba al ERP o a la JCS. Ese fue el último día que nos reunimos y quedamos que en la siguiente reunión estaría hecho el contacto con la juventud.

Para el primer contacto llegamos al punto acordado, saludamos y nos dijeron “ustedes (César y yo) se quedan y la compañera (Paty) que siga hasta aquel arbolito, allí estaba otra persona esperando por ella, porque va para otro organismo”.

Nos explicaron que los organismos se llamaban Células porque se multiplicaban mediante la división de sí misma, igual que nosotros, cada uno debía proyectarse para conquistar otras cinco personas y convertirnos, en responsables de un organismo; cada uno debía buscar al menos tres locales en los que nos pudiéramos reunir con ciertas condiciones de seguridad mínimas (incluyendo ruta de escape); todos deberíamos utilizar seudónimo y en actividades del partido, aun cuando estemos enmascarados; por ser estudiantes únicamente pagaríamos un colón mensual; los materiales que utilizaríamos para ejecutar cada tarea que nos encomendara, sería por nuestra cuenta; que siempre leeríamos algo y hoy había que comprar el primer folleto que se llamaba “La Célula” y costaba 1 colón.

Que la célula contaría con dos compañeros más: El chino Alex y Oswaldo, quedando Líber como responsable, por tanto él conocía al siguiente en la línea de mando (hacia arriba) nadie más; que la compartimentación era importante y que una violación a la misma podría ser castigada severamente con la expulsión, por tanto no había que andar de curioso preguntando lo que no interesaba; que nos íbamos a reunir una vez a la semana. Cuando leí por primera vez el poema de Roque Dalton: “Buscándome líos”, me causó gracia, porque caí en cuenta que en tantos años, el partido no había cambiado mucho.



Porque me fui a la guerra
y me regresé antes de que empezara
(Parte I)

-"¿Te imaginas que pasaría si se dan cuenta que aquí se reúne gente de la Juventud Comunista?, después hablamos de eso, yo quiero hablar con ustedes sobre eso, pero otro día".
-"Pero no con todos, algunos tienen parientes que son miembros de ORDEN"
-"¡Puta! A pues decime con quienes"

Serían las 9 de la noche y tendría que haber sido una noche de octubre o noviembre de 1977. Por alguna razón que no sabíamos y no nos interesaba averiguar (porque todos la estábamos pasando de maravilla entre broma, música y coca-cola), la Casa de la Cultura aún estaba abierta, a pesar de que había pasado con mucho la hora de cierre.

Papa Joe era el director, César, otros jóvenes y yo, estábamos aún allí, cuando en intervalos de tres minutos empezaron a salir de una sala que había permanecido cerrada toda la tarde, algunos desconocidos, bueno, algunos no habituales visitantes, entre ellos un conocido dirigente estudiantil, alguien que sabíamos era dirigente sindical y otras personas a las que no pudimos identificar, y justamente por cuestionarle porqué se habían reunido tantos dirigentes, fue que Papa Joe reaccionó pidiendo calma.

La Juventud Comunista de El Salvador (JCS), era el grupo de choque del Partido Comunista de El Salvador (PCS), ambas organizaciones eran ilegales ya que el "Título X – Régimen de derechos individuales de la Constitución Política" vigente desde 1962 establecía claramente, en el Art. 158, inciso segundo: “Queda prohibida la propaganda de doctrinas anárquicas o contrarias a la democracia.” (entiéndase comunistas, socialistas, anarquistas)

Yo estaba interesado en ser parte de alguna de las organizaciones político militares clandestinas que ya existían (en ese momento FPL y ERP), pero la cuestión no era fácil y tampoco era de andar preguntando de arriba para abajo dónde entregaban las solicitudes, había que tener mucho cuidado. Compartíamos esa idea con César. Con Paty, lo platicamos y ello lo que deseaba era aprender más sobre filosofía y otras formas de pensamiento político.

Por otro lado de la ciudad, había conocido a Carlitos y en una plática sacó la sangre “erepiana” que tenía, y entonces le platiqué de mi intención. Con el tiempo, me confesaría que la dificultad no era “conectarme” con la organización sino que se consideraba amigo de mis padres. En esos días lo más común era que te fueras a la clandestinidad, es decir que abandonaras tu familia por completo, que asumirás otra identidad con las consecuencias que eso tenía o bien que te asignaran al frente abierto, lo que era similar a una sentencia de muerte en suspenso, porque la represión aún era selectiva, pero implacable.

Así es que la confesión de Papa Joe, nos cayó bien. Unos días después le recordé lo que teníamos pendiente de platicar y él evadió mucho, entonces entendí que la cosa por ese lado no iba a caminar.