lunes, 1 de junio de 2009

1 de junio, por fìn llegó...

Eran las 10 a.m. en el reloj de TCS, y en el resto de la pantalla, Salvador Sánchez Cerén juraba como Vicepresidente de la República ¿Qué habrá pensado en ese momento? Su rostro reflejaba la conciencia de la responsabilidad que aceptaba. El beso a su esposa de tantos años…

En ese momento, en mi mente resonaron, las risas de los “bichos”, con los que nos conocimos a finales de la década del 70 y recordé despedidas y reencuentros. Cuando alguien se iba a estudiar al extranjero o a la clandestinidad (que en ocasiones era lo mismo), y en la despedida nos prometíamos buscarnos en cuanto regresaran, para entonces ya seríamos gobierno y que nos buscaran o en el ejército o en el trabajo con los jóvenes, allí andaríamos, allí estaríamos, allí nos encontraríamos.

Alguna vez, con la luna de testigo nos pusimos a discutir, cuando ya en el gobierno, el “imperialismo” se nos viniera encima, lo hizo con Cuba y Vietnam ¿Porqué no lo haría con nosotros? Discutíamos las tareas que habría que enfrentar y la confianza que teníamos en el “pueblo”, hablábamos buscando hacer que la noche pasara más rápido, las rondas de guardia eran de 2 horas o más dependiendo de cuántos estuviéramos, y algo había que hacer para no dormirse.

Y soñábamos con que todo sería bonito, aunque en la adolescencia, lo bonito no siempre se puede definir, pero el país sería, como decía Roque Dalton en un poema: “un lindo país” y entonces la represión nos tocaba y alguien ya no estaba en la siguiente reunión, y seguíamos soñando con un “lindo país” y cada día eramos menos, pero seguíamos soñando con “un lindo país”.

Hoy, mientras el vicepresidente de la República, Salvador Sánchez Cerén, era juramentado, recordé a los soñadores que no alcanzaron a ver esta realidad, recordé a los que conocí, y en ellos, recordé a los miles cuyos nombres están escritos en la pared del Parque Cuscatlán, en el muro, desde donde saltaron este día para celebrar con nosotros la llegada del primer gobierno de izquierda en El Salvador.

Más tarde con el discurso del presidente Mauricio Funes, me alegró escuchar varias cosas, por la que esos locos lucharon, con la que esos locos compartimos en esas noches, con luna o sin ella, pero con el peso del fierro asignado y la certeza de que algún día eso se daría y que muchos de nosotros, como una noche dijo alguien “no lo veremos”, esa convicción de que estábamos en lo que estábamos porque lo creíamos correcto, no porque nos iban a dar un puestecito o un salario, sino porque estábamos en lo correcto y eso había que hacerlo y si nadie se echaba ese “trompo a la una“ nosotros sí, aun cuando nos costara la vida, aun cuando arriesgáramos a nuestras familias, aun cuando no tuviéramos una adolescencia “normal” de fiestas y “vaciles”.

Tenía razón quien dijo esa noche: “algunos no lo veremos”. Aquellos que pudimos verlo, somos afortunados.

Lo vimos... en diferentes condiciones a las soñadas, varias décadas después, en medio de la crisis, pero lo vimos.

Mis hermanos... aquí está el cambio, llegó y desgraciadamente es cierto, ya no estamos juntos para celebrarlo, pero mi saludo va para ustedes, por haber sido capaces de renunciar a su vida, para darnos este día. Gracias hermanos…

2 comentarios:

Victor dijo...

Conmovedor, Carlos. Recordar a cada uno y cada una de los que aportaron hasta con su muerte para la construcción de éste momento en la historia es lo justo y necesario. Ellos y ellas deben ser el acicate para que empujemos a éste gobierno - que por fin se abre la oportunidad de que sea "nuestro" - a alcanzar las metas históricas, construir un lindo país.

Saludos

Victor

Carlos Alberto Minero Mendoza dijo...

Cierto Víctor, que las gotas de lágrimas se conviertan en gotas de sudor, que nunca hayamos sido tan creativos como hoy, que nunca hayamos empeñado hasta los huesos para hacer que este sea un lindo país. Gracias mi hermano